El primer pago para levantar la quiebra y permitir que la empresa pase a manos de Alejandro Vandenbroele, señalado como testaferro de Amado Boudou, fue realizaron en rabioso efectivo y alcanzó los 567.000 pesos depositados en una sucursal del Banco Ciudad. En el mercado mencionan al dueño de Swiss Medical, Claudio Belocopitt, como el aportante.

El 3 de septiembre del 2010 la sucursal Tribunales del Banco Ciudad fue el escenario inicial de un drama político que por estas horas ocupa la primera plana de los diarios. Ante la mirada atónita de los empleados bancarios depositaron 567.000 pesos en efectivo, como pago inicial para levantar la quiebra de Ciccone Calcografica.

El depósito realizado en rabioso efectivo no es consistente con los ingresos declarados del hombre señalado por su esposa como un “testaferro de (el vicepresidente, Amado) Boudou”. Ante el tribunal que define el régimen de visitas y alimentos para su hija, Vandenbroele declaró ingresos por $ 12.000 por mes y su condición fiscal ante la AFIP es de monotributista.

Lo curioso es que este monotributista que aparece como titular del misterioso fondo The Old Fund se quedó con una planta que cuesta alrededor de 100 millones de dólares y para la que depositó en la quiebra al menos 8 millones de pesos –en el mercado dicen que en realidad si se cuentan los acuerdos extrajudiciales invirtió al menos cuatro veces esa cifra-.

Esa peculiaridad patrimonial se suma a otra: Ciccone necesita para operar una inversión mensual en sueldos y gastos esenciales de no menos de 1 millón de dólares. Sin clientes conocidos, se desconoce como hace Vandenbroele para aportar este dinero y lo más inquietante: de dónde lo saca.

En un momento en que el gobierno extrema los controles sobre el movimiento de fondos, apelando al sano argumento de blanquear la economía, sorprende que ni la AFIP ni la UIF estén interesadas en averiguar el origen de estos millonarios movimientos de fondos, que bien podrían encuadrar en alguna de las categorías de blanqueo de dinero de origen ilegal.

Sobre todo sorprende la inacción de los organismos que conducen Ricardo Echegaray y José Sbatella, cuando la firma que dirige el monotributista Vandenbroele está a punto de quedarse con un contrato tan sensible en términos de los intereses del Estado como puede serlo la impresión de papel moneda.

Como sea, para ese deposito inicial de más de medio millón de pesos, en el mercado se menciona al dueño de Swiss Medical Group. Claudio Belocopitt, como el gentil aportante de los fondos.

El nombre de este empresario se suma así al del dueño del Banco Macro, Jorge Brito, que desde el inicio del caso Ciccone aparece como uno de los posibles aportantes de los misteriosos millones que permitieron a Vandenbroele quedarse con la planta de impresión de papeles de seguridad más moderna del país. De hecho el vicepresidente de la papelera es Máximo Lanusse, un ex gerente del Banco Macro.

A esta lista se suma Enrique Taratutti, dueño de London Supply, la operadora de los aeropuertos de Punta del Este, Ushuaia y Trelew. Según reveló hoy La Nación, el segundo pago para levantar la quiebra fue de 1,8 millones el 10 de septiembre del 2010 –una semana después del depósito inicial de medio millón de pesos realizado en efectivo- y se concretó por medio de una transferencia bancaria realizada por London Supply.

La transferencia se realizó desde el banco HSBC y fue notificada por Víctor Hugo Bonnet -vicepresidente de London Supply- a Vandenbroele, en una nota en la que sostuvo: Por el presente le ponemos en conocimiento que en el día 10 de septiembre de 2010, por vuestra cuenta y orden, procedimos a efectuar la transferencia que nos instruyeran por la suma de $ 1.800.000”.



 


 

Caso Ciccone: jubilados y monotributistas en la trama que complica a Boudou

Las irregularidades alrededor de la compra de Ciccone Calcográfica cercan Amado Boudou. Se supo que el monotributista amigo del vicepresidente pagó 1,8 millones de pesos para levantar la quiebra cuando declaró que factura 15 mil pesos anuales. Además, un jubilado del Conurbano figura como “controlante” de la compañía.



El monotributista Alejandro Paul Vandenbroele, dueño de Ciccone Calcográfica, la planta gráfica más importante del país, llegó al control de esa compañía tras levantar una multimillonaria quiebra que pesaba sobre esa firma.
Si bien ante la AFIP declaró que facturaba hasta $ 15 mil por año, Vandenbroele emitió varios pagos a la Justicia que le permitieron quedarse con la única imprenta privada capaz de confeccionar billetes, según señala el diario Clarín. Uno de esos pagos fue de $ 567 mil. Otro (entre varios) fue de $ 1.800.000.

 

Clarín accedió a un documento (consta en la Justicia) que muestra que en septiembre del 2010 Vandenbroele, como director de The Old Fund, transfirió $1.800.000 “a la cuenta judicial perteneciente a autos CICCONE CALCOGRÁFICA S.A S/QUIEBRA”. The Old Fund es la sociedad anónima que controla hoy esa planta gráfica.

El lunes pasado, en el programa de Radio Mitre “Lanata Sin Filtro”, la ex pareja de Vandenbroele, Laura Muñoz, aseguró que él es “testaferro de Boudou”, y agregó que aportaría pruebas a la Justicia. Desde ayer, un juzgado investiga el “Caso Ciccone”

Vandenbroele es amigo de Boudou desde la juventud. Su prima, Guadalupe Escaray, se relacionó con el vicepresidente, y él la nombró después como jefa regional de ANSES Mar del Plata. El socio de Boudou en dos empresas, José María Núñez Carmona, visitó a varios de los acreedores de Ciccone, a los que les pidió que acepten la nueva conducción que estaría a cargo de Vandenbroele, contaron varios de ellos a Clarín . La titular de la Casa de Moneda, Katya Daura, alineada con Boudou, recomendó al Banco Central que Ciccone-Vandenbroele imprima parte de la provisión de billetes de cien pesos para este año. Es un negocio de alrededor de 50 millones de dólares.

Ciccone, además, se presentó en las licitaciones para confeccionar las cédulas y patentes de autos y motos. Si gana el consurso, la compañía podría recibir de parte del Estado más de 20 millones de dólares.

En tanto, el diario La Nación descubrió que el jubilado Carlos Raúl Schneider, de 75 años y domiciliado en Longchamps figura como “controlante” del fondo de inversión de Ciccone.

En esos papeles, Schneider figura como representante de la sociedad extranjera Tierras International Investments CV, constituida en Holanda con las firmas de dos mujeres de las Antillas. Acaso también "prestanombres": una mujer de 33 años, Jullisa Abigail Comenencia-Koolman, y otra de 39, Indra Farah Marie Vilchez.

 

Según el jubilado, le dieron $ 200, hace unos años, por firmar "unos papeles" y que él "necesitaba mucho los mangos".

En la Argentina, también figuran tres abogados como apoderados, pero sólo para su inscripción administrativa: Hernán Melchor Cruchaga, Gonzalo Pascual y María Victoria Ctibor, el primero de los cuales deslindó toda responsabilidad "en lo que hagan los dueños de la sociedad", cuyo nombre evitó precisar por el "secreto profesional" (de lo que se informa por separado).

Inscripta como sociedad extranjera en la Dirección de Personas Jurídicas de la provincia de Buenos Aires mediante el legajo 1/167050, en el expediente 21209/143013-9, el verdadero representante de Tierras International Investments CV es Alejandro Paul Vandenbroele

El 15 de marzo de 2010, fue Vandenbroele, no Schneider, quien representó al fondo de origen holandés en la asamblea de accionistas de The Old Fund SA, con la que meses después tomaría el control -y la presidencia- de la ex imprenta Ciccone Calcográfica.

 

¿Quien es Alejandro Paul Vandenbroele?

Alejandro Paul Vandenbroele, uno de los socios de la ex imprenta Ciccone Calcográfica, que ganó hace pocos días un contrato por 50 millones de dólares para imprimir billetes de la Casa de la Moneda, tiene un escaso pasado empresario.

El hombre fue blanco del escándalo esta semana luego de que su esposa, Laura Muñoz, lo señalara como “testaferro” del vicepresidente Amado Boudou y lo vinculara al blanqueo de “coimas”.

Lo cierto es que Vandenbroele, un abogado belga de 42 años, no tiene antecedentes en el negocio de las imprentas y su empresa The Old Fund, que se quedó con Ciccone Calcográfica, recibió beneficios y colaboraciones extra del Gobierno para quedarse con la vieja imprenta de dinero.

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